Cómo trabajamos
Casi nadie contrata software a la medida dos veces al año. Lo normal es contratarlo una vez, sin saber muy bien qué se está firmando, y descubrir el proceso mientras ocurre. Esta página existe para que eso no le pase.
- Cómo se cobra
- Precio cerrado por fase, no por hora. Desde 50 000 MXN
- Plazo típico
- De 6 a 12 semanas por fase. La primera es la corta del rango
- Qué necesitamos de usted
- Una persona que decida y la verdad sobre cómo funciona hoy
Aquí está el proceso completo: cómo va paso a paso, cuánto tiempo suyo consume, cómo se cobra y qué pasa el día que dejemos de trabajar juntos. Está escrita para la línea de aplicaciones web; si lo que busca son cajas impresas, el proceso es otro.
Antes de todo: si esto no es para usted, se lo decimos en la primera llamada
Hay tres situaciones en las que le vamos a recomendar que no nos contrate, y preferimos decirlo aquí antes de que gaste una hora en una llamada.
Si lo que necesita ya existe como producto. Si su proceso es el mismo que el de otros mil negocios de su giro, hay algo hecho que le va a costar una fracción y va a funcionar el lunes. Se lo vamos a decir, y le vamos a decir qué buscar.
Si nadie del lado suyo puede decidir. Un sistema a la medida se construye sobre decisiones: qué pasa cuando el pedido llega incompleto, quién puede cancelar, qué se hace con el que no pagó. Si esas decisiones tienen que subir tres niveles cada vez, el proyecto no avanza y usted paga el tiempo de esperar.
Si el presupuesto está por debajo de 50 000 MXN. No es una postura: es el piso al que podemos hacer algo que sirva y no sea un juguete. Por debajo de esa cifra preferimos no empezar, y si nos escribe igual, le vamos a decir con qué sí resolver mientras tanto.
Cómo va, paso a paso
1. La conversación
Una llamada o un café. No cuesta nada y no hay presentación de nadie: le preguntamos qué proceso duele, quién lo hace hoy y qué usa hoy para hacerlo. En esa misma conversación sabemos —y se lo decimos— si esto es un proyecto o no lo es.
Lo que sale de aquí es una respuesta a tres preguntas: si tiene sentido construir algo, qué sería la primera fase y en qué orden de magnitud está.
2. Las reglas, por escrito
Antes de programar nada, escribimos cómo funciona su operación de verdad: los estados por los que pasa un pedido, quién hace qué, qué pasa cuando algo sale mal. Usted lo lee y lo corrige. Es la parte que más se salta la industria y la que decide si el sistema le sirve.
Las reglas no se inventan. Lo que no está confirmado se anota como decisión pendiente, con su nombre, y se resuelve antes de escribir la línea de código que depende de ella. No se rellena con un supuesto razonable para no molestarle.
Se escribe el proceso real, no el del manual. El que está en el manual no es el que sostiene su negocio. El sistema tiene que soportar el segundo.
De aquí sale el alcance cerrado de la primera fase: qué incluye, qué no incluye, cuánto cuesta y cuándo está.
3. La primera fase
Entregamos algo funcionando en semanas, no en un año. Corriendo, con sus datos, usable por su gente. No una maqueta ni una demostración.
Lo hacemos así por una razón concreta: la única forma honesta de decidir la segunda fase es tener la primera delante. Un proyecto de doce meses firmado el primer día se decide con lo que usted imaginaba en enero, y para julio ya sabe otra cosa. Preferimos que decida en julio.
Durante la fase usted ve avances, no informes.
4. Lo que sigue
Con la primera fase operando, decidimos juntos si hay una segunda y qué entra en ella. Puede no haberla: es un final legítimo y ocurre, porque el sistema resolvió lo que dolía y ahí se queda.
Si la hay, se cotiza igual: alcance cerrado, precio cerrado, plazo cerrado.
Qué necesitamos de su lado
Esta es la parte que casi nadie le dice antes de firmar, y la razón por la que muchos proyectos a la medida se estancan sin que nadie sepa muy bien por qué.
- Una persona que decida. Una sola. Puede consultar con quien quiera, pero necesitamos a alguien que pueda decir «sí, así es» sin pedir permiso cada vez. Si esa persona es usted, perfecto. Si no, dígalo desde la primera llamada.
- La persona que de verdad hace el proceso hoy. No su jefe: quien captura los pedidos, quien arma la comanda, quien cierra el mes. Media hora con esa persona vale más que tres reuniones de dirección, porque conoce todos los casos raros, y los casos raros son los que rompen los sistemas.
- Acceso a lo que ya usan. Su tienda, su facturación, su mensajería, su hoja de cálculo. Sin acceso no hay integración, y sin integración el sistema nuevo se convierte en un sitio más donde hay que capturar lo mismo otra vez.
- Respuestas en el día a preguntas concretas. No reuniones semanales de dos horas: preguntas puntuales que solo usted puede contestar, del tipo «¿qué hacemos cuando el cliente pide cancelar después de que cocina empezó?». Una pregunta sin contestar detiene la parte del sistema que depende de ella.
- Sus datos reales para probar. Un sistema probado con datos inventados funciona con datos inventados.
Cómo se cobra
Precio cerrado por fase, no por hora. Usted sabe qué recibe y cuánto cuesta antes de empezar. No hay factura sorpresa al final del mes ni conversaciones sobre cuántas horas llevó algo, porque cuántas horas llevó es problema nuestro, no suyo.
Desde 50 000 MXN. Es el piso de una primera fase. El número concreto sale del paso 2, cuando ya está escrito qué incluye, y se lo damos antes de que se comprometa a nada.
Lo que cambia el alcance se cotiza aparte, y se le dice antes. Si a mitad de la fase aparece algo que no estaba escrito, no lo metemos callados ni lo descartamos callados: se lo decimos, con qué cuesta y qué implica, y usted decide si entra ahora o en la siguiente fase. El precio cerrado deja de ser cerrado el día que se hacen cosas fuera de lo escrito sin decirlo.
El sistema vive en un servidor, y eso tiene un costo mensual. Va en la cotización, con la cifra, antes de firmar. No aparece después.
Qué se lleva usted al final
Se entrega documentado, para que otro pueda continuarlo. También si ese otro no somos nosotros. Es la frase que más nos cuesta cumplir y la única que de verdad le protege: un sistema que solo entiende quien lo escribió no es un activo suyo, es una correa.
Las condiciones de propiedad del código, de la base de datos y de la documentación se escriben en la propuesta de cada fase, antes de firmar. Si tiene una preferencia —un repositorio a su nombre, el servidor facturado a su nombre, un plazo de entrega concreto—, dígalo en la primera llamada y queda por escrito ahí.
El soporte se acuerda igual: por escrito al cerrar la fase, con qué cubre, en qué plazo se responde y cuánto cuesta. Si prefiere que lo lleve su gente, también está bien: por eso se entrega documentado. Lo que no hacemos es dejarle un sistema en producción sin que sepa a quién llamar.
Lo que no hacemos
- No cobramos por hora. Le traslada a usted el riesgo de que tardemos.
- No firmamos proyectos de un año. Ni nosotros ni usted sabemos hoy lo que va a necesitar dentro de once meses.
- No metemos inteligencia artificial de adorno. Entra donde ahorra trabajo de verdad —clasificar, extraer datos de un documento, redactar un borrador, anticipar demanda— y donde se puede comprobar que acertó.
- No prometemos lo que no vamos a sostener. Si algo no nos toca o no lo sabemos hacer, se dice en la primera llamada.
Si quiere que la primera llamada sirva de algo
No hace falta que traiga un requerimiento ni un documento. Con tres cosas basta:
- Qué proceso le está costando dinero o tiempo hoy.
- Quién lo hace, y en qué lo hace.
- Qué le gustaría que pasara en su lugar.
Con eso, en una llamada le decimos si esto es un proyecto, cómo sería la primera fase y en qué orden de magnitud está. Y si no lo es, también.
Vea cómo se ve esto terminado: el sistema de pedidos que opera las activaciones de Alpura, con 536 pedidos servidos en tres eventos, sin perder ninguno. Ver el caso completo.
¿Tiene una operación parecida?
Si algo de esto le suena a su negocio, platiquémoslo. La primera conversación no cuesta nada.
